Fragmento de una conferencia del Prof. Rosríguwz Braun sobre la función de las empreas en la sociedad actual.
Video facilitado por la agencia de conferenciantes Thinking Heads a través de su canal en You Tube.
Ad líbitum (del latín 'a placer'), frecuentemente abreviado ad lib., es una indicación musical que significa que el intérprete o músico puede variar el tempo como lo desee (nunca alterando las notas, solo los tiempos) durante el periodo que está indicado. En este blog es una advertencia al lector lector, recordándole que puede discrepar o coincidir con lo que aquí se escribe, admonición que se hace extensiva al autor por si de ello se olvidara.
miércoles, 20 de octubre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
Con la vida a cuestas.
Siempre tenemos prisa. Cada día que pasa estamos más apurados. Vamos de un lado a otro con el tiempo tasado, medido, controlado. Nos apuramos por las mañanas, para coger el autobús, el metro el tren o el coche, y así ser puntuales en el trabajo. Nos apuramos para volver pronto a casa, no sea que hagamos esperar al grupo de yoga en el que aprendemos a relajarnos o perdamos el turno en el gimnasio donde descargamos adrenalina. Nos apuramos cuando vamos a hacer la compra, al médico, o al cine, porque siempre hay algo programado después que requiere nuestra ineludible atención.

En medio de este frenesí nos cruzamos todos los días con otras personas que al igual que nosotros van camino de sus casas, del trabajo, de la compra con similar premura, ahítos de preocupaciones, inquietudes, y –como no- de esperanzas. Sin embargo, rara vez reparamos en ellos; son tan sólo caras, rostros que nada nos dicen porque ni tan siquiera reparamos en ellos. Si nos fijáramos tan sólo un momento, veríamos que son siempre las mismas personas: el mismo estudiante que carga con su mochila de camino o de vuelta del instituto, el mismo panadero que está a punto de acabar el reparto, el tendero de siempre que abre su negocio…a fin de cuentas, aunque nos cueste asumirlo, nuestro universo, el mundo en el que nos movemos nos es tan grande ni nosotros tan cosmopolitas
Curiosamente, en algún momento, por algún extraño motivo, en ese vasto mundo que habitamos el hombre ha perdido el don de la palabra. El hombre ha dejado de hablar, hasta el punto que ni los buenos días nos damos. Son tantos nuestros problemas, tanta nuestra prisa, tan importantes nuestras ocupaciones, que los demás han dejado de existir para nosotros. Sin embargo nos seguimos comunicando: escribimos “eseemeeses”, enviamos correos electrónicos acompañados de emotivas presentaciones de “powerpoint”, sonreímos con las ocurrencias de alguno de los tropecientos amigos que tenemos en “facebook” …y, como no, editamos blogs que nadie lee. Nos centramos, en definitiva, en nosotros mismos y olvidamos la empatía y la sensibilidad que los demás demandan en clamoroso silencio. En definitiva, contribuimos a que nuestro vasto mundo sea cada día un poco más basto.

En medio de este frenesí nos cruzamos todos los días con otras personas que al igual que nosotros van camino de sus casas, del trabajo, de la compra con similar premura, ahítos de preocupaciones, inquietudes, y –como no- de esperanzas. Sin embargo, rara vez reparamos en ellos; son tan sólo caras, rostros que nada nos dicen porque ni tan siquiera reparamos en ellos. Si nos fijáramos tan sólo un momento, veríamos que son siempre las mismas personas: el mismo estudiante que carga con su mochila de camino o de vuelta del instituto, el mismo panadero que está a punto de acabar el reparto, el tendero de siempre que abre su negocio…a fin de cuentas, aunque nos cueste asumirlo, nuestro universo, el mundo en el que nos movemos nos es tan grande ni nosotros tan cosmopolitas
Curiosamente, en algún momento, por algún extraño motivo, en ese vasto mundo que habitamos el hombre ha perdido el don de la palabra. El hombre ha dejado de hablar, hasta el punto que ni los buenos días nos damos. Son tantos nuestros problemas, tanta nuestra prisa, tan importantes nuestras ocupaciones, que los demás han dejado de existir para nosotros. Sin embargo nos seguimos comunicando: escribimos “eseemeeses”, enviamos correos electrónicos acompañados de emotivas presentaciones de “powerpoint”, sonreímos con las ocurrencias de alguno de los tropecientos amigos que tenemos en “facebook” …y, como no, editamos blogs que nadie lee. Nos centramos, en definitiva, en nosotros mismos y olvidamos la empatía y la sensibilidad que los demás demandan en clamoroso silencio. En definitiva, contribuimos a que nuestro vasto mundo sea cada día un poco más basto.
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